La vuelta al cole: abordar los miedos y las ansiedades con simples acciones cotidianas

¡Cuántos sinónimos pueden describir al inicio del ciclo escolar! Sucede que se suman diferentes sensaciones: ansiedades, miedos, inseguridades, y en muchas ocasiones desmotivación, que varían según la edad y la etapa evolutiva. Entonces nos preguntamos, ¿cómo abordar esta situación de la manera más conveniente? 


Por: Daniela Carena. Lic. en Psicopedagogía
M.P. 22-1898
Mgter. en Ciencias Sociales

 


 

El regreso al colegio es un proceso familiar y social que implica nuevos desafíos: horarios, deberes, libros, uniformes, elección del centro educativo, entre otros. Supone un esfuerzo tanto para los hijos como para los padres. Es readaptarse al cambio del quehacer diario.

Sueño, cansancio, irritabilidad, apatía, ansiedad y falta de atención, son las principales manifestaciones post etapa vacacional. Muchas veces sucede que, al inicio, la estructura horaria y las dinámicas cognitivas establecidas por la actividad escolar, no son del todo aceptadas por los niños; pero lo cierto también es que paulatinamente se van acomodando al nuevo proceso escolar. Para algunos el comienzo será más sentido que para otros.

El inicio de clases, se presenta como una manifestación de síndromes, cambios conductuales y físicos. Si bien la OMS (Organización Mundial de la Salud) no la reconoce como una enfermedad, sí la identifica como un “proceso de adaptación que presenta unos síntomas bien definidos”.

Es así que se muestran situaciones paralelas. Por un lado están los papás con el armado de la mochila y la indumentaria necesaria; y por otro, los hijos con sus ansias de seguir jugando y disfrutando libremente.

No obstante también está también la ilusión de los que empiezan una nueva etapa; el reencuentro con las amistadas, los compañeros, que entre risas, charlas y estudio se aproximan a nuevos aprendizajes. De esta manera, los deberes y los exámenes se van torneando en el entramado físico y simbólico escolar.

 

La importancia de que el niño se involucre en la preparación

La vivencia de Mariana, una mamá de un niño de 8 años, refleja la preparación previa al inicio escolar. En esta, ella pretende que algunas actividades las realice su hijo y resuelva situaciones de manera independiente.

A esta mamá le preocupa “indagar sobre capacidades supuestamente conseguidas el año anterior”. Expresa que le hace “repasar cálculo y escritura y le interesa que vaya tomando las riendas de su propia educación desde las cosas más pequeñas, como por ejemplo de sus útiles del colegio, así también de colocar nombre a sus cosas, de cuidar sus pertenencias” entre otros aspectos que van de la mano con su autonomía e independencia.

 

¿Qué sucede en el entorno familiar de niños especiales?

Desde otro lugar nos encontramos con familias de niños especiales, donde la rutina no es modificable a pesar del inicio o cese escolar. Las conductas, hábitos y actividades suelen ser constantes. La asistencia a las diferentes terapias de rehabilitación, los tipos de alimentación, la vestimenta, el aseo, los controles médicos periódicos y la documentación al día no escapan de los deberes y obligaciones parentales. Son necesidades asistenciales que deben ser satisfechas sin importar estaciones y/o recesos escolares.

Sin embargo, al inicio escolar, los papás de niños con discapacidad enfrentan ciertos desafíos. Los más frecuentes oscilan en si el docente sabrá controlar berrinches, si comprenderá a su hijo que aún sabe hablar, si sabrán alimentarlo y asistirlo para ir al baño, entre otros interrogantes. Ante ellos, es indiscutible que los papás se sientan irremplazables y que sólo ellos saben cómo asistir a sus hijos.

Entonces, ¿qué hacer ante una situación así? Es importante que los papás sientan confianza en la institución y comprendan que el equipo docente cuenta con herramientas didácticas y comunicacionales óptimas para “saber leer” las necesidades del niño y responder a sus demandas. La comunicación entre docente, escuela y padres es un factor muy importante para el desarrollo integral del niño.

Los papás deben conocer que los niños con necesidades educativas especiales y asistidas cuentan con un plan individualizado y que la escuela es una oportunidad para socializarse, aprender y desarrollar sus potencialidades.

 

Propuestas simples y cotidianas para abordar esta etapa

A modo de cierre, planteamos algunas propuestas a considerar para esta etapa. La idea es no pensar las mismas como recetas, si no adaptarlas según la dinámica y el ritmo familiar. Estas pueden ser aplicadas para niños con asistencia escolar común o especial.

  • Anticipar el hábito de los ritmos escolares por lo menos unos días antes de comenzar las clases.
  • De manera conjunta (familia y niños) preparar el material escolar, desde la posible compra de algunos materiales hasta el armado de la mochila.
  • Repasar lectura, escritura y cálculo a través de juegos.
  • La tecnología y sus aplicaciones lúdicas ofrecen una herramienta oportuna para socializar, compartir, aprender e instaurar valores educativos.
  • Dialogar sobre el inicio escolar; indagar inquietudes, miedos y posibles horarios.
  • Si es posible recorrer previamente el espacio educativo, en caso de inicio de guardería, jardín o cambio de institución escolar.
  • Evitar mostrarse ansioso ante el niño.
  • Realizar cambios progresivos en los hábitos y en el tiempo dedicado a los deberes.
  • Respetar tiempos de adaptación, evitando forzar situaciones que sean desagradables para el niño.
  • Reforzar de manera positiva los logros y actividades realizadas.
  • Acordar con el niño las actividades extraescolares, procurando que las mismas sean constructivas y que den sentimiento de juego, recreación y disfrute.
  • En caso que el niño asista a terapias cognitivas, contactarse con el equipo terapéutico para reorganizar nuevo plan de acción.
  • Si el niño cuenta con asistencia de un docente integrador, procurar mantener un encuentro previo al inicio escolar.
  • A pesar del estrés que todo ello significa, no olvidar hacer de cada momento, una vivencia especial, de manera tal que se deje una huella significativa y positiva en la mente del niño.